En su lomo carga la historia del esfuerzo y la tenacidad con que se construyó este país. Aún sigue siendo importante para el agro.
La mula está enraizada en la profunda memoria de las regiones. Durante varios siglos contribuyó a la integración de aldeas y pueblos y a desarrollar el tejido de las relaciones económicas y culturales. Ha estado presente en todo el movimiento comercial dinamizado por el proceso de colonización antioqueña que, a partir de la economía cafetera, creó un mercado interno uniendo fincas, posadas, fondas, caminos, ríos, pueblos, centros de acopio, trilladoras, estaciones del tren, puertos y ciudades.

Pero no ha perdido vigencia. Todavía la vemos acompañando a los campesinos por fincas y veredas transportando carga para el mercado o viajeros para fondas y pueblos. Desaparecieron las grandes muladas y recuas, pero seguimos escuchando los cascos de la altiva y maliciosa mula pisando firme por la arrugada geografía colombiana.
Si bien las especializadas en mover mineral y oro fueron comunes durante el siglo XVII, el verdadero auge data de 1820 con la independencia. Colonización, caminos, fundación de colonias y recuas hacen parte del mismo movimiento social y económico.
El auge de las muladas coincidió con las guerras civiles. En esta época los ejércitos en contienda miraban con entusiasmo las recuas que se movían por los caminos para expropiarlas en caso de pertenecer al partido político contrario.
Un buen arriero debía cuidar la mulada, el oficio no se improvisaba, se dominaba en un proceso que duraba varios años. A la mula había que mimarla. Por la mañana, desde las 5, se les daba cuido, caña y salvado con melaza; no podía faltar aguamiel preparada con panela machacada.
En caso de que el animal tuviera mataduras o peladuras, se trataba con cebo y con cal hasta que sanara. Era muy común el tratamiento con ‘heridol’. Los bultos se protegían con una lona gruesa llamada encerado para resistir los intensos aguaceros. La carga pesada o especial se transportaba en angarilla, que es un soporte de madera en V muy práctico para transportar caña.
Era un agradable espectáculo para los campesinos dejar las labores cotidianas y observar las lentas y aperezadas recuas, dirigidas por el tilín-tilín de la mula campanera, con el sangrero, el caporal y los arrieros distribuidos a lo largo de la caravana, pendientes de los pasos malos y estrechos del camino, de la carga que no se ladeara y de las otras recuas que venían en sentido contrario.
Cuando el siglo XX empezó a meterse por toda la geografía fueron apareciendo nuevas formas de transporte. Por el desarrollo económico y social de las regiones surgieron el ferrocarril, los cables aéreos y las carreteras, por lo tanto, las recuas se convirtieron en alimentadoras de estos sistemas modernos y lentamente fueron quedando arrinconadas.
De este modo, a mediados del siglo XX, las nuevas vías de comunicación, impulsadas por la economía cafetera, la agricultura moderna y la industria, fueron estrechando la arriería y las mulas quedaron reducidas a transportar café, caña, papa y panela, de las fincas a las veredas, al pueblo o a la carretera y en jornadas cortas.
La mula disminuyó su participación en la economía nacional, pero “no ha pasado de moda”, sigue siendo un símbolo y una realidad. Se puede afirmar que hoy “es de mejor familia”.
• Historiador / Universidad de Caldas