Viernes, Julio 28, 2017
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Cenicafé: un caso excepcional de investigación científica en Colombia

Aunque los gobernantes no creen que en Colombia podamos hacer ciencia, desde hace  90 años los cafeteros le ha venido apostando seriamente a la investigación  para el avance de la tecnología. ¿Cómo se logró y cómo se puede replicar esta experiencia?*

Gabriel Cadena-Gómez**

 

Un proyecto valioso

Transcurridos 16 años del nuevo milenio, y en medio de la cuarta revolución industrial, Colombia sigue reclamando más inversión pública en ciencia, tecnología e innovación. Sin embargo este sector sigue siendo olvidado en los planes de desarrollo y en el presupuesto de inversiones del país. Por eso no deja de ser sorprendente el caso del sector cafetero, que ha respaldado sostenidamente la investigación científica.

Hace 90 años un grupo de agricultores, haciendo gala de una gran visión, decidió aportar un presupuesto importante para que su sector apoyara el conocimiento científico necesario para asegurar su futuro. Según consta en el ejemplar número 1 de la Revista Cafetera de Colombia, publicada en 1928, en el presupuesto aprobado para la naciente Federación Nacional de Cafeteros en el año 1927 se destinaron  20.000 pesos para crear la “Sección Científica”. Dicha partida presupuestal correspondía al 14 por ciento del presupuesto total de 139.912 pesos de la Federación.

Desde entonces hasta hoy, los cafeteros colombianos han contado con el apoyo del conocimiento especializado para tomar sus decisiones.  Podría decir que en el país no existe otro caso como este que muestre cómo un grupo de productores ha sido capaz de apoyar la inversión en ciencia y tecnología, y ha sabido apropiarse de sus resultados para el beneficio de los caficultores. Los resultados de estas investigaciones siempre han sido publicados y se tiene acceso a ellos sin limitaciones.

Vale la pena dar a conocer la historia de esta iniciativa y sus logros, no solo por su éxito, sino porque sería deseable que los escépticos dirigentes colombianos (que no creen que en el país sea posible realizar investigación científica como la de los países desarrollados) encuentren en este caso un ejemplo digno de imitar para asegurar nuestro desarrollo.

Los inicios

Producción cafetera en el país.
Producción cafetera en el país.
Foto: Presidencia de la República

En 1929 la Revista Cafetera de Colombia habló así de lo que podría pasar con los resultados del trabajo de la misión de investigación dirigida por Carlos Chardón:

“Si el trabajo se hace bien organizado, con verdadera orientación práctica, competente personal técnico, buen equipo de laboratorios, suficiencia y elasticidad en el uso de los fondos asignados que aseguren la continuidad de los trabajos por muchos años y si se consigue mantener alejada de ciertas influencias a estos hombres y ciertos estudios, el trabajo tiene necesariamente que ser un éxito, con inmensos beneficios económicos para el país y legítimo orgullo para el Gobierno de la República. A esto es que hay que propender si es que se desean hacer las cosas bien hechas.

Si el trabajo, por el contrario, se entrega a personas incompetentes sin visión ni amplias experiencias en materias agrícolas, a pesar de sus buenos deseos y de los del Gobierno o de la Federación Nacional de Cafeteros, el trabajo tiene necesariamente que conducir al fracaso, el dinero se habrá utilizado mal, sin resultados prácticos y lo que es peor, el entusiasmo de los agricultores y sus dirigentes hacia estas cosas que tanto celebramos ahora, decaería perdidos la fe de ellos y el desarrollo de la agricultura colombiana se atrasará por muchos años”.

Estas recomendaciones de la Misión Chardón fueron como semillas sembradas en suelo fértil y han rendido buenas cosechas en Colombia. El énfasis puesto por Chardón en el recurso humano idóneo, ético y alejado de las malas influencias, por ejemplo, ha sido fundamental en la historia de la investigación agrícola del país.

Dos años después de la aprobación del presupuesto destinado a “montar la Granja de Experimentación de cultivo y beneficio del café” en 1929 se iniciaron las actividades en la granja-escuela La Esperanza en el departamento de Cundinamarca, con el objeto de “experimentar, investigar y demostrar todo a lo que a la industria cafetera respecta, reducir en cuanto sea posible el costo de producción por árbol, mejorar la calidad del café y lograr la estabilidad de los resultados”.

Podría decir que en el país no existe otro caso como este.

Nueve años más tarde, por iniciativa del entonces gerente general de la Federación, don Manuel Mejía, el Noveno Congreso Nacional de Cafeteros creó el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé) con sede en el municipio de Chinchiná, Caldas. Desde entonces Cenicafé empezó a consolidarse como la fuente de información que, sustentada en datos y hechos, le ha permitido a este sector de la economía colombiana tomar decisiones acertadas para resolver los problemas que ha tenido que afrontar para posicionarse en la competencia mundial.

El trabajo

Presidente Juan Manuel Santos junto a gerente de la Federación de Cafeteros.
Presidente Juan Manuel Santos junto a gerente de la Federación de Cafeteros.
Foto: Presidencia de la República

Las primeras investigaciones en la sede de Chinchiná se orientaron a caracterizar los suelos y el clima predominantes en la zona cafetera. Inicialmente fueron invitados a hacer parte de la nómina de científicos de Cenicafé destacados profesionales extranjeros como:

  • El suizo Paul Schaufelberger, quien orientó los trabajos pioneros sobre los suelos de la zona cafetera colombiana y ejerció como jefe de la sección de Suelos,
  • Rodolfo Schoroeder;
  • Hans Trojer, doctor alemán quien fue jefe del Servicio Meteorológico de la Federación Nacional de Cafeteros;
  • Fernando Suárez de Castro;
  • El fitopatólogo argentino Rafael Pontis Videla, o
  • Otto Urhan.

Posteriormente un gran número de jóvenes ingenieros agrónomos colombianos se vincularon a Cenicafé y realizaron las primeras investigaciones en materia agronómica del cultivo del café y asociados.

La divulgación de los resultados inicialmente se realizó a través de la Revista Cafetera de Colombia, y a partir de 1949 en el Boletín Informativo, órgano de la biblioteca del Centro que desde 1956 se publica sin interrupción como Revista Cenicafé.

Las cifras actuales muestran que la caficultura en Colombia es productiva y que ha hecho buen uso de los conocimientos producidos por los investigadores de Cenicafé. Es por eso que las comisiones conformadas por especialistas, principalmente por economistas, siempre han reconocido el gran valor que Cenicafé representa para el futuro de la caficultura y han recomendado que su presupuesto se mantenga o se aumente.

Las cifras actuales muestran que la caficultura en Colombia es productiva.

Por todas las razones anteriores  el ejemplo del sector cafetero colombiano, que no ha dejado de apoyar la investigación científica durante 89 años continuos, se debería seguir en todo el país para que el sector oficial y privado asuman la responsabilidad de creer en la ciencia.

El mejor homenaje que Colombia le puede hacer a su primer científico, Francisco José de Caldas (1768-1816), poco después de que se conmemoraran los doscientos años de su sacrificio, es mirar con seriedad el sector de la ciencia, la tecnología y la innovación, tomando la decisión tantas veces anunciada de invertir por lo menos el 1,5 por ciento del PIB para apoyar la investigación científica.

 

* Extracto del artículo publicado en Ciencia y Humanismo: ¡50 años! Revista Aleph (1966-2016) / 2016. Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.  

** Ph.D. en Botánica y Patología de las Plantas de la Universidad de Purdue, rector de la Universidad Autónoma de Manizales. 

 

Por Gabriel Cadena Gómez | Publicado por razonpublica.com

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