lunes, octubre 23, 2017
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¿Qué café se toma en Colombia?




Aunque usted no lo crea, hasta ahora empezamos a tomar café de calidad… y poquito.

Por:  RONNY SUÁREZ, EL TIEMPO

Colombia es el primer productor de café suave del mundo y es dueño de la mayor tradición cafetera de la región. Juan Váldez es un ícono nacional, hasta el punto de que los colombianos somos conocidos en el exterior como ‘los cafeteros’. Pero solo hasta hace poco los mejores granos que producimos, los mismos que nos dan fama internacional, comenzaron a ganar terreno en el mercado interno.

Nos habíamos acostumbrado a que casi la totalidad del fruto de alta calidad que sale de nuestras montañas colombianas fuera exportado y consumido en Norteamérica y Europa, mientras en nuestros mercados circula la pasilla (el grano seco que no alcanza el nivel para ser exportado) y en nuestras cocinas se sigue preparando de manera rudimentaria. En otras palabras, nos acostumbramos a pagar barato por nuestro producto insignia.

Sin embargo, Roberto Vélez, presidente de la Federación Colombiana de Cafeteros, dice hoy con satisfacción que el café gourmet pasó a representar del dos al cinco por ciento del consumo interno y tanto en las grandes superficies como en los propios pueblos cultivadores se respira una cultura distinta, con un aroma más fino.

En el 2015, el país produjo 14, 2 millones de sacos de 60 kilos, la cifra más alta de los últimos 23 años. De ese total, 12,7 millones fueron para exportación y el resto para consumo interno. Además, este año, las importaciones se han reducido sustancialmente porque la producción nacional está abasteciendo casi que en su totalidad la demanda.

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Según Vélez, esas cifras sirven para revertir el mito según el cual a los colombianos nos tocaba tomar lo que sobraba de todo ese proceso de producción tipo exportación. “La historia del consumo nacional tuvo un giro en 1989. Hasta ese año la ley condicionaba a la industria nacional a abastecer el mercado interno a toda costa. El paladar se acostumbró en esa época a granos mezclados que no eran de la mayor calidad”, afirmó el directivo, quien además indicó: “Los gustos se han ido educando y vamos en un proceso de transición hacia un nuevo consumidor que empieza a preferir los cafés ‘premium’ ”.

Miguel Moreno Múnera, presidente de Colcafé, señala: “El mundo del café es como el de los vinos, donde hay diferentes calidades para cada presupuesto. Gran parte de las marcas colombianas masivas usa calidades de café que son un poco inferiores a las que se exportan y permiten ofrecer un producto masivo a menor costo, pero eso no quiere decir que sea malo, ni en lo más mínimo”, concluye.

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Pero si Colombia lleva dos décadas y media con una nueva dinámica de mercado, ¿por qué el café de alta calidad no se estaba comercializando en el país? ¿Acaso no les interesaba a los colombianos consumirlo?

Vélez explica que todo está condicionado a las propias variables de oferta y demanda. Por el lado de los productores, como ocurre con otros productos agrícolas colombianos como el banano, guardan sus cosechas de mejor calidad para exportarlas, con la expectativa, por supuesto, de que obtendrán mayores ingresos. Este jueves, por ejemplo, la libra de café ‘premium’ se vendió en el exterior a 1,55 centavos de dólar.

Por el lado de los consumidores, Mauricio León, instructor del Laboratorio de Catación de Café del Sena, ubicado en La Salada (Caldas, Antioquia), indica que ni están acostumbrados a pagar café caro ni a tomarlo en grandes cantidades.

El dato oficial indica que el consumo per cápita al año de un colombiano está cerca de los 2 kilos, mientras que en Finlandia, una nación de apenas 5,5 millones de personas, asciende a 14,5 kilos. Es decir que frente a los escandinavos, los mayores consumidores del mundo, y otros productores de café, los colombianos tomamos poco… realmente muy poquito.

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León señala dos razones más para que el fruto de alta calidad no se haya expandido antes en los hogares nacionales: el precio y el desconocimiento; y pone el ejemplo de Medellín, una ciudad que, en teoría tiene una elevada cultura cafetera y donde el café instantáneo, que no tiene todas las cualidades del grano sin procesar, es consumido masivamente.

“No toda la gente está dispuesta a dejar de tomar el tinto de termo que le vende el señor de la esquina a $ 500 por un café especial mucho más caro”, dice.

Y hay cierta lógica en esa afirmación. En un supermercado de cadena, la libra de café denominado como tradicional puede costar unos $ 5.000, mientras la misma cantidad de café, pero de calidad ‘premium’ llega hasta los $ 20.000.

Frente a estas condiciones, el presidente de Fedecafé plantea dos caminos. Primero, jugar con el tema aspiracional para que los estratos bajos se animen a disfrutar de verdad uno de los mejores cafés del mundo. Eso en colaboración de programas como ‘Toma café’, que en asocio con industriales y caficultores ha dado a conocer los beneficios de nuestro grano.

Pero también debe apostarse a aumentar el consumo interno del producto. “Nunca hemos sido grandes tomadores de café. En la zona cafetera, por ejemplo, se sigue desayunando principalmente con chocolate y agua de panela. Al fin y al cabo, uno compite es por un espacio en el estómago de nuestros clientes”, manifiesta.

RONNY SUÁREZ
Subeditor ELTIEMPO.COM

 

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